El último trimestre de 1982 se recordará posiblemente como el más álgido de la relación acreedores-deudores, Entre finales de 1982 y principios de 1983 ascendía a 24 el número de países que buscaba llegar a un acuerdo de renegociación con la comunidad financiera internacional.
Las negociaciones que sostuvo el gobierno mexicano con la comunidad financiera internacional, habrían de resultar a la postre más satisfactorias del total de países en condiciones similares. Estas fueron precedidas por un acuerdo de facilidad ampliada con el FMI, cuya firma era necesaria no sólo para evitar la ruptura financiera del país, sino particularmente de la banca internacional. Con este acuerdo, el gobierno reprogramo hasta 1990 el pago de 23 mil millones de dólares de su deuda externa con la banca privada internacional.
El paquete anterior implicó una serie de desventajas que se refieren al radio de maniobra de la política económica y al costo financiero de largo plazo de la renegociación.
El acuerdo de facilidad ampliada firmado con el FMI significó la aplicación de políticas fiscales, monetarias, financieras y crediticias sumamente restrictivas, como lo muestra el contraste entre las cifras macroeconómicas solicitadas a México por dicha institución para el periodo 1983-1985 vis a vis las que existían en 1982 y las que se observaron finalmente en el periodo aludido. A partir de 1985 las presiones sobre los precios del petróleo y la mayor liberalización económica condujeron a una reversión de estas tendencias y a la continuación, en 1986, del tradicional déficit en dicho rumbo.
A pesar de que la reprogramación del endeudamiento cubría ocho años, sus efectos sobre el aplazamiento neto de pagos llegaban solo a 1984.
El monto acomulado de pagos anuales restructurados que quedaban comprendidos entre 1986 y 1990 resultaba mayor a 11 663.2 millones de dólares a los pagos antes de la reestructuración. Aunque ese excedente era principalmente resultado de las nuevas contrataciones de empréstitos y créditos del sector público entre 1983 y 1984.
No se previeron posibles cambios en la actitud “benevolente” de los bancos prestatarios, en la política monetaria de Estados Unidos, ni en el reforzamiento del dólar, en conjunto con el aumento momentáneo de la demanda de crédito internacional, en mayores tasas de interés, ni el recrudecimiento de sus prácticas proteccionistas.
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